Los deportes y el IPOD son mala combinación

No te hagas el sordo y para la oreja: la alta fidelidad de los reproductores de mp3 es alucinante, pero también puede jugar en nuestra contra y exponernos a mayor cantidad de ruido del que podemos soportar mientras nos ejercitamos.

Probablemente seas uno de los miles de chavos que diariamente corren, andan en bicicleta o asisten al gimnasio vistiendo comodísimos pants, y para hacer más amena tu actividad escuchas las innumerables opciones musicales que ofrece ese fiel acompañante que es el reproductor de mp3.

En principio debemos felicitarte, pues la mayoría de las personas deberían seguir tu ejemplo y hacer ejercicio en forma rutinaria aunque, por otra parte, tenemos que decirte algo: médicos mexicanos han advertido que el uso de audífonos en jóvenes de 15 a 25 años que practican deporte se vincula con daño en los oídos, como hipoacusia (reducción en la capacidad auditiva), otitis (inflamación del oído) e, incluso, proliferación de bacterias y hongos.

Así lo afirma la Dra. Alma Pesquera Romero, coordinadora del Área de Audiología y Otoneurología del Hospital General Regional No. 1 Carlos MacGregor Sánchez Navarro, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), localizado en el Distrito Federal, México, quien ausculta a muchos jóvenes con esta problemática. De hecho, se sabe que 4 de cada 10 muchachos atendidos en las diversas clínicas de esa institución escuchan música mientras practican ejercicio. Lo malo es que lo hacen a un volumen que rebasa por mucho el límite de decibeles (unidad en que se mide la intensidad del sonido) saludable para los seres humanos.

La población que padece alguno de los problemas auditivos citados se encuentra entre los 15 y 25 años de edad, sector cuyo número de consultas ha aumentado 20% en la última década.

Audífonos
La calidad de los reproductores mp3 y de los audífonos actuales es insuperable, ya que brindan extraordinaria fidelidad. Estos gadgets son tan requeridos que, incluso, forman parte del catálogo de grandes diseñadores de moda, lo cual era impensable hasta hace unos cuantos años. Paradójicamente, su gran calidad también opera en contra de los usuarios.

Así es, porque el melómano no resiente molestia en sus oídos y piensa que el sonido que escucha es de lo más normal, cuando en realidad puede ser que esté sobrepasando las recomendaciones de los expertos en otorrinolaringología.

Así lo señala en charla exclusiva con saludymedicinas.com.mx el Dr. Rubén Moreno Padilla, jefe del servicio de Otorrinolaringología del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional La Raza del IMSS, en la Ciudad de México, quien asegura que es muy común que haya daño en el oído al escuchar música a intensidad muy alta, riesgo que se multiplica si se hace durante varias horas al día.

El daño se manifiesta principalmente en el oído interno con disminución de la capacidad para escuchar las frecuencias más agudas. Y aunque el experto egresado de la Universidad Anáhuac admite que hasta hoy no hay suficientes estudios sobre el efecto que los modernos reproductores de música tienen en la salud auditiva, ello no quiere decir que no tomemos actitudes preventivas.

¡Que se oiga bien!
Se cree que el 27% de la población mexicana sufre algún deterioro transitorio o permanente en su salud auditiva, y que este porcentaje podría triplicarse en cinco años. Al respecto, el Dr. Moreno Padilla advierte que todo depende de la población que se estudie pues, por ejemplo, en los hospitales de concentración, adonde llegan pacientes canalizados de otras clínicas, la población afectada podría ser mayor a 30%.

Por su parte, el Dr. Miguel D’Urzo, tesorero de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología, Cirugía de Cabeza y Cuello A.C., con sede en Guadalajara (occidente de México), ratifica lo dicho por sus colegas aunque, dice, hay que dejar en claro que, se haga o no ejercicio, lo riesgoso es estar sometido a sonidos muy altos durante mucho tiempo.

Si se rebasan los 60 decibeles, lo que es muy frecuente entre los jóvenes que escuchamos música gran parte del día, se puede generar trauma acústico, trastorno que regularmente es irreversible. Lo que sucede, enfatiza el experto, “es que las altas frecuencias no son percibidas por la calidad y fidelidad del sonido que emiten estos aparatos, por lo que el aumento del volumen no duele ni parece afectar. La realidad, sin embargo, es que hay daño irreversible”.

Normalmente, los seres humanos escuchamos sonidos con una intensidad comprendida entre los 30 y 40 decibeles, pero en cuanto rebasamos la cifra de 50 decibeles empezamos a sufrir daño, explica el también miembro del Consejo Mexicano de Otorrinolaringología.

Además, señala el entrevistado, todos nos exponemos a estridencias más altas que las recomendables debido al tráfico de vehículos, motocicleta y máquinas utilizadas por trabajadores de la industria de la construcción, incluso a causa del murmullo que existe en una escuela o restaurante, que rebasa por mucho los 80 decibeles.

Otros perjuicios
Al usar audífonos por largos periodos, además del daño auditivo, nos exponemos a la proliferación de bacterias u hongos por la humedad y sudor en el conducto auditivo externo.

Así lo explica la Dra. Pesquera Romero: “Al hacer ejercicio elevamos la temperatura de todo el cuerpo, y al usar audífonos impedimos que haya ventilación en los oídos; es como si se usaran tapones. De esta manera los gérmenes se reproducen más rápido y se incrementa tanto la producción de cerumen (cerilla) como el riesgo de sufrir inflamación (otitis externa) e infecciones de corta y larga duración”, señala.

Por supuesto, el Dr. D’Urzo aclara que depende de cuánto tiempo se usen los audífonos y la calidad de los mismos. Si son antiguos será fácil que aparezcan infecciones y, si se emplean durante más de dos horas al día, esa posibilidad se multiplica.

Para el expresidente del Colegio de Otorrinolaringólogos de San Luis Potosí (norte-centro del territorio mexicano), lo ideal sería que toda la gente acudiera a una revisión anual de los oídos, pero la realidad señala que esto no sucede. Es mejor aspirar a que en la revisión periódica con el médico de primer contacto o general se detecte algún problema a través de los exámenes de rutina.

Los doctores D’Urzo y Moreno Padilla coinciden en que los oídos no deben tocarse con objetos como cucharas, pasadores, plumas o hisopos. La única zona que se debe asear es el pabellón auricular (oreja), y esto es posible con el escurrimiento del agua mientras nos bañamos.

“El conducto auditivo externo no debe tocarse, ya que hay riesgo de contraer una infección que puede ser muy dolorosa y requerir tratamiento con antiinflamatorios y antibióticos. En el peor de los casos, podría haber daño directo a la membrana del tímpano y con ello una importante pérdida de la audición. Limpiar profundamente los oídos es como tratar de asear los ojos por dentro: eso no se debe hacer”, concluye el Dr. D’Urzo.