EL CALLEJÓN DEL AGUACATE

Coyoacán tiene mas de 400 años de historia y encierra centenares de leyendas, como la del callejón del aguacate, que fue escondite de unos revolucionarios hasta que uno de ellos traiciono a los demás y aviso al ejército. Todos fueron muertos, incluso el soplón, del que se asegura su espíritu se aparece. Afirman que su cuerpo esta enterrado bajo la barda y que si te colocas en el punto exacto de su morada llegas a escuchar su corazón. De este mismo lugar se asegura que el espíritu de un hombre ahorcado vaga por ahí, según dicen el misterio se hace  presente  todas las noches de luna llena sobre un árbol de aguacate. Este hombre era un adicto a las apuestas, tanto que perdió a su esposa en un juego de cartas y luego se suicidó.

Algunos dicen que la virgen de la esquina, en la pared, llora a las 12 de la noche, otros cuentan una elaborada historia de traición, magia negra y muerte durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Otros tantos hablan de aullidos y de una mujer parada en una ventana...

Testimonio:
Lo cierto es que esta historia la conocía desde pequeño. Un día hace más de 6 años decidí investigar. Dejé mi auto lejos y me aventuré, sólo, a este callejón poco antes de la media noche. Pasaron los minutos, miraba atento a todos lados, la virgen, la fuga que hace el callejón hacia ambos lados, justo en la esquina... nada. Me senté en el suelo un momento, saqué un cigarro y justo al tiempo que di la primer bocanada escuché la risa por primera vez. Penetró de lleno bajo mi piel que de inmediato se erizó. Era una risa burlona, aguda y varonil; sin un cuerpo la podrías asociar a un enano. Volteé a derecha y a izquierda, desesperado. Nadie. Me levanté y caminé hacia el lado más oscuro de la calle, donde alguien pudiera ocultarse. La risa otra vez, esta vez cerca, muy cerca, casi en mi nuca. El terror me paralizó, sentí que las lagrimas me salían de los ojos por el intenso sentimiento de perdición, de horror absoluto. No supe más. Desperté unos minutos después, en el suelo, perdí conciencia del todo. En cuanto pude me levanté y salí de ahí corriendo como loco. Esto me sacudió para siempre, por eso es la primer historia que cuento, no sé que hay en ese lugar, no sé que historia sea real, lo que sí les sé decir es que algo inhumano vive ahí, lo puedes sentir.

NUEVE VECES VERONICA

LA HISTORIA DE UNA JOVEN QUE INVOCÓ AL ESPÍRITU DE VERÓNICA, UN ALMA EN PENA QUE NO DESCANSA EN PAZ, TRAS HABER MUERTO PRACTICANDO ESPIRITISMO

Esto es justo lo que nunca debes hacer: ponerte frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Verónica. No serías el primero que se ríe al conocer esta historia, que lleva circulando por el mundo desde hace varias décadas. Muchos antes que tú han pensado que se trataba de un cuento chino y se han burlado, pero otras personas aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia y han aceptado el desafío, han cargado con una maldición terrible.

¿Quién es Verónica? O mejor dicho: ¿quién era? Se trataba de una chica de 14 años que, estando en el pueblo con sus amigos, hizo espiritismo en una casa abandonada. Todo el mundo sabe que es algo tremendamente peligroso y que jamás debe tomarse como un juego. Ella no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeó mortalmente en la cabeza.

Sin embargo, Verónica aun no descansa en paz. Su espíritu está condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el Mas Allá, como le sucedía a ella en la vida real.

Ana era una chica de la edad de Verónica que conoció la leyenda en su instituto. Sus amigos la picaron, diciéndole que no se atrevía a decir 'Verónica' nueve veces ante el espejo. A ella le daba miedo, pero venció su terror porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una compañera fue a los servicios de esa planta del instituto para comprobar, entre risas, si cumplía la prueba.

Lo hizo, no pasó nada y el grupo lo olvido enseguida. Menos Ana. Para ella, la autentica pesadilla comenzó esa misma noche. Estaba en la cama, cuando un sonido la despertó. No se trataba de un estrépito, sino de una especie de susurro indescifrable que oía cerca de la nuca, mientras sentía como si alguien respirara en su cuello. Aterrada, se levantó y encendió la luz. Allí solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir en toda la noche.

Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie. Estaba muerta de miedo, y en medio de la clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejarse. Pero cuando entró al baño, hacía mucho frío (como estaban en invierno no le dio importancia) y una capa de vaho cubría el espejo. Ana lo limpio con la mano para comprobar horrorizada que tras ella había una chica que no había visto jamás, con una expresión de espanto y sangre en la cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvió a mirar, ya no había nadie. Ana rió nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvió hacia el espejo vio algo que la dejo helada. Al borrarse el vaho una frase había permanecido escrita: 'Soy Verónica. No debiste invitarme a volver'.
Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus días encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Verónica la sigue atormentando.